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miércoles, 10 de octubre de 2018

Crisis de adolescencia ¿Cuando consultar al psicólogo clínico?

Desde Psicólogos Móstoles Constitución (ahora también en modalidad Terapia Psicológica Online o por videoconferencia también para adolescentes) te explicamos un poco más sobre los problemas más frecuentes de la adolescencia. La adolescencia o crisis de adolescencia es una etapa del desarrollo evolutivo que marca la transición entre la infancia y la vida adulta. Es una etapa ineludible del desarrollo marcada fundamentalmente por la “rebeldía del adolescente” que trata de romper los lazos infantiles con los padres y buscar una identidad propia para sí mismo diferenciada de la del resto, para ello se apoya en el “grupo de iguales” o “grupo de pertenencia” con el fin de sentirse acompañado a la hora de explorar el mundo externo que le rodea, cobrando este tanta fuerza que en la mayoría de los casos desbanca a los padres en cuanto a punto de referencia.


Esta etapa suele ser una etapa generalmente conflictiva entre padres e hijos, y no puede ser de otra manera, un adolescente excesivamente dócil también puede estar teniendo un problema en su desarrollo psicológico, pero raramente los padres consultan en estos casos porque no resultan conflictivos….El adolescente se está buscando a si mismo y puede tener comportamientos muy erráticos y contradictorios, tan pronto se comporta como un adulto, que como un niño, cambia de vestimenta, de gustos, de preferencias continuamente y es altamente influenciable por el grupo de amigos que frecuenta. El adolescente tiene la necesidad de experimentar y poner a prueba todo lo que le ha sido trasmitido en la familia por si mismo, aprendiendo ahora por la propia experiencia y de sus propios errores para llegar a sus propias conclusiones y conjunto de valores con los que se va a regir en la vida adulta.Los padres deben consultar en esta etapa cuando esta se vuelve especialmente conflictiva o violenta y/o empiezan a aparecer comportamientos y conductas desadaptativas de una forma más sistemática que se van instalando como parte de la personalidad del adolescente. El adolescente aunque se encuentra en conflicto con sus padres como un intento de autoafirmación del “sí mismo”, sigue necesitando mucho apoyo de ellos y su opinión, aunque no lo demuestre, sigue teniendo mucho peso en su desarrollo. Necesita que los padres lo apoyen y le alienten en su crecimiento y en la búsqueda de su propia identidad, que le sigan ayudando en la toma decisiones, haciéndole sentir que siguen ahí disponibles para cuando él lo necesite y solicite, pero necesita que se mantengan ahora en un segundo plano. La consulta de psicologia clinica de Móstoles Constitución, cuenta con un Psicologo Clinico especializado en la evaluación y tratamiento de los trastornos psicológicos y emocionales más comunes de la adolescencia En el tratamiento psicológico de los adolescentes (ahora también en modalidad Online o por videoconferencia), es necesario que los padres también cambien y aprendan a relacionarse con sus hijos  de otra manera, puesto que su hijo/hija ya ha dejado de ser un niño/ niña, pero todavía no es un adulto maduro, y eso hace que esta relación padres-hijos sea muy difícil. Los padres también deben saber darle al adolescente la libertad necesaria para que pueda experimentar por si mismo, haciéndole ver que ésta libertad va unida siempre a responsabilidad sobre sus actos, aprovechando los momentos en los que el adolescente se “abre” y se comunica para poder orientarle y aconsejarle desde su experiencia, pero nunca en un tono de reproche, crítica o desaprobación, porque seguramente tendrá el efecto contrario al deseado….Los trastornos típicos de la adolescencia serían por lo tanto casi siempre una cuestión de grado, por eso no hay que alarmarse desde el primer momento, cuando aparecen conductas des-adaptativas. Si estas persisten, se hacen muy intensas o frecuentes es cuando la intervención de un psicologo clínico para adolescentes se hace necesaria con el fin de poder reconducir cuanto antes el desarrollo. En estos casos se necesita trabajar principalmente con el adolescente, y paralelamente se mantienen entrevistas periódicas con los padres y/o (padres y adolescentes juntos) para que también informen al psicólogo clínico de la marcha del proceso, y de las cuestiones que a ellos les preocupan como padres, recibiendo a la vez una ayuda y orientación para seguir guiando a sus hijos adolescentes en el desarrollo…Serían motivo de consulta entre otros, siempre que no aparezcan de forma puntual, los siguientes trastornos:


  • Consumo de drogas, abuso del alcohol y otras sustancias.
  • Trastornos alimentarios del tipo anorexia y/o bulimia, obesidad…
  • Inhibición, retraimiento social, fobia social (falta de amigos, de integración y participación social, aislamiento.)
  • Falta de control de impulsos (agresividad, actos delictivos, transgresión de las normas sociales establecidas)
  • Ansiedad, fobias, miedos irracionales…
  • Problemas de rendimiento, concentración, fracaso en los estudios, ansiedad ante los exámenes.
  • Depresión, llanto recurrente y tristeza.
  • Baja autoestima.
  • Bullying, acoso escolar.
  • Falta de capacidad de auto afirmación ante el grupo de iguales (adolescentes altamente influenciables por los demás)
  • Desorientación con respecto a la propia identidad psicosexual….
  • Ideación y tentativas suicidas. Autolesiones
  • Promiscuidad sexual, embarazos no deseados…
  • Dependencia emocional de relaciones dañinas o patológicas.
Fdo: Rosa Maria Pardueles, psicólogo clínico en Móstoles, especialista en tratamientos psicológicos con adolescentes y psicoterapia. Ahora también de forma Online o por videoconferencia.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

¿CELOS NORMALES O PATOLOGICOS?

Desde Psicólogos Móstoles Constitución (ahora también en modalidad Terapia Psicológica Online o por videoconferencia) te explicamos un poco más sobre los celos irracionales. Los celos son una emoción más que los seres humanos podemos llegar a sentir de todo un espectro de emociones con las que venimos dotados genéticamente para sobrevivir y relacionarnos en este mundo, se suscitan cuando nos sentimos amenazados ante la “pérdida de amor” por parte de una figura significativa de nuestro entorno ante la presencia de un tercero que se percibe como un rival... Y pueden ser celos de pareja, fraternales, filiales, etc... Para que aparezcan los celos tiene que haber siempre tres participantes en la escena, aunque “el tercero” sea muchas veces solo “imaginario”... Se diferencia de la “envidia” en que en esta no es necesaria la presencia de un tercero, ni tiene que ver necesariamente con la pérdida de amor por parte de un otro significativo... La envidia surge más bien cuando observamos en alguien “algo” que deseamos y de lo que nosotros carecemos y por lo tanto nos pone en contacto directo con nuestra propia “falta”, eso nos genera una mezcla de rabia y frustración que en algunos casos puede dirigirse hacia la persona envidiada, de ahí que sea una emoción tan displacentera y peor vista socialmente que los celos...

Los celos “en su justa medida” se relacionan más con una “manifestación del afecto que sentimos hacia otro”, y a través de ellos evidenciamos lo mucho “que el otro” nos importa y necesitamos y pueden ser recibidos por la otra parte, en un primer momento y de manera proporcionada, como un “halago”, ya que te hacen sentir como alguien importante y querido para el otro, por este motivo suelen tener una connotación más positiva que la envidia...





En las relaciones de pareja los “celos normales” surgen con más frecuencia al principio de las relaciones, cuando la confianza en el otro es más bien “un acto de fe”, puesto que no ha habido tiempo material para construir ese vínculo de confianza desde la experiencia y se van disipando progresivamente a medida que dicho vínculo se somete a la “prueba de realidad” y vamos contrastando a través de las vivencias compartidas con el otro, que es alguien verdaderamente digno de nuestra confianza...

Los celos a “pequeñas dosis” se pueden considerar normales cuando no llevan a la persona que los siente a perder el control sobre sus actos ni a mantener actitudes controladoras ni posesivas con el otro coaccionando su libertad... Pueden ser adaptativos en la medida que al sentirlos nos recuerdan “lo importante que es para nosotros la persona querida” y nos hacen recapacitar sobre la necesidad de cuidar y proteger ese vínculo sin caer en la apatía, desidia o abandono; desde ese punto de vista tienen un valor emocional positivo y reavivan las relaciones humanas haciendo que nos esforcemos más para preservar los vínculos que verdaderamente nos importan...

Los celos se vuelven patológicos o enfermizos y por lo tanto destructivos para la relación cuando son exagerados, demasiado frecuentes y sin fundamento en la realidad, es decir la persona percibe amenazas donde no las hay y empieza a adoptar actitudes de control hacia el otro coartando su libertad personal y manteniéndolo continuamente bajo sospecha... Esto producirá inevitablemente un deterioro progresivo en la relación, haciendo sentir cada vez “más prisionera” a la otra parte, que o bien se somete a las exigencias irracionales del otro para sofocar sus celos, o bien se rebela y vive en permanente conflicto en la relación o en el peor de los casos empieza a ocultar información para evitarse el conflicto, agravando finalmente el problema al darle entonces un argumento lógico a la persona celosa para sentirse molesta u ofendida, entrando así en una dinámica de pareja altamente patológica...

En todos los casos los “celos enfermizos” y el “afán de control sobre el otro” por el miedo a perderlo llevaran paradójicamente a hacer más probable “la pérdida de amor de la persona amada” por una cuestión, por un lado, de cansancio y agotamiento ante las exigencias irracionales del otro y por otro, por una “necesidad de autoafirmación de la propia identidad” ante los intentos de dominio de la persona celosa... Es decir, la persona que es “celada” se sentirá perseguida y cuestionada continuamente sin fundamento y coartada en su libertad personal y eso le llevará antes o después a querer dejar la relación para recuperar y defender su propia indetidad y no quedarse “completamente anulado” al lado del otro...


Los celos patológicos suelen tener su origen en una baja autoestima y en una falta de confianza en uno mismo que lleva a la persona a creer de manera irracional que cualquier persona es mejor que ella y por lo tanto para la persona celosa “cualquiera” puede representar una amenaza, por alejado que esto esté de la realidad... El miedo al abandono se vuelve algo terriblemente persecutorio para estos pacientes porque se vive como una “profunda herida narcisista” y la confirmación externa de “la poca valía personal"... Es decir, en los celos patológicos hay más “amor propio” que “amor”... En estos casos es necesario una intervención terapéutica con la persona celosa para ayudarla a mejorar su autoestima y confianza en si misma, de manera que pueda ser más capaz de respetar la libertad del otro “incluso para decidir si quiere seguir o abandonar la relación” y sin que ello dañe de manera irreparable su autoestima...

Fdo: Rosa Maria Pardueles, psicólogo especialista en psicología clínica y psicoterapia, directora del centro de Psicólogos Móstoles Constitución, más de 20 años de experiencia en tratamientos y terapias psicológicas

lunes, 28 de marzo de 2016

Ideas Obsesivas ¿Por qué surgen y cómo tratarlas?

Desde Psicólogos Móstoles Constitución (ahora también en modalidad de Tratamiento Psicológico Online o por videoconferencia) te explicamos un poco más sobre las ideas obsesivas. Hablamos de Ideas obsesivas para referirnos aquellos pensamientos, impulsos o imagenes de carácter irracional persistentes y repetitivos que se imponen a la conciencia del sujeto en contra de su voluntad, y que generan altos niveles de ansiedad y malestar psicológico, llegando incluso a desencadenar, en algunos casos, crisis de angustia... A veces tienen un carácter violento o agresivo, ideas agresivas hacia personas y seres queridos, generando sentimientos de culpa exacerbados en la persona que las padece. En muchas ocasiones la persona que sufre este trastorno psicológico se ve impelida a realizar algún tipo de acción o ritual como para contrarrestar la idea obsesiva que ha tenido lugar y anular su efecto y de esta manera lograr calmar momentáneamente la ansiedad, entrando así en un círculo vicioso de difícil salida entre ideas obsesivas y rituales obsesivos...

Son muchas las causas por las que este tipo de ideas pueden generarse en la mente de una persona, y habrá que estudiarlas en cada caso concreto en relación con la historia particular de cada sujeto, pero en términos generales son una forma de expresar algún tipo de desregulación emocional que se está produciendo en el psiquismo de la persona y que se expresa a través de este tipo de sintomatología...

De la misma manera que cuando enfermamos físicamente la “fiebre” es un síntoma que nos avisa de que algo va mal en el organismo y tenemos que ponernos a indagar donde está el origen de la misma para poder curarnos, las "ideas obsesivas" nos alertan de que por alguna razón (en algunos casos no del todo consciente) no estamos en equilibrio y homeostasis con nosotros mismos, nuestro estilo de vida o nuestra manera de relacionarnos con los demás...





Es conveniente recurrir pronto a la psicoterapia y al psicólogo clínico para ahondar y profundizar en las posibles causas de la aparición de estas ideas obsesivas recurrentes. En muchas ocasiones nos encontramos que las personas que las padecen toleran muy mal la incertidumbre de la vida, y tienen un gran afán de control sobre todas las cosas, afán que continuamente se ve frustrado por la realidad. Gestionan muy mal emociones como la ira y el enfado, siendo muy poco conscientes de cuando las tienen y apareciendo disociadas en las ideas obsesivas como algo ajeno al sujeto. Toleran mal los sentimientos ambivalentes de amor-odio hacia las personas queridas, llenándose fácilmente de sentimientos de culpa por el mas mínimo pensamiento agresivo hacia ellas, tienen poca confianza en si mismas y sus capacidades para hacer frente a los avatares de la vida y se aferran a sus ideas obsesivas como un intento de control sobre la realidad circundante que perciben como muy amenazante...

Son objetivos de la psicoterapia aprender a gestionar y exteriorizar adecuadamente determinadas emociones, mejorar la capacidad de aserción y auto afirmación ante los demás, trabajar sobre la aceptación de la realidad, abandonando la necesidad de tenerlo todo controlado de antemano, tolerar los sentimientos encontrados y ambivalentes de amor-odio, que todos tenemos en la mejor de las relaciones humanas, aumentar la discriminación entre pensamiento y acción y un largo etc...


Los síntomas e ideas obsesivas irán remitiendo paulatinamente en la medida que la persona mejore en el manejo de todas estas cuestiones personales y a la vez que incremente el auto conocimiento de sí mismo a través de la psicoterapia.


Fdo: Rosa Maria Pardueles, psicólogo especialista en psicología clínica y psicoterapia, directora del centro de Psicólogos Móstoles Constitución, más de 20 años de experiencia en tratamientos y terapias psicológicas

lunes, 27 de julio de 2015

Problemas derivados de tener una baja autoestima


Desde Psicólogos Móstoles Constitución (ahora también en modalidad Terapia Pscológica Online o por videoconferencia) te explicamos un poco más sobre los problemas derivados de tener una baja autoestima. Hablamos de una baja o alta autoestima en función de la propia valoración que hacemos de nosotros mismos. Decimos que tenemos una baja autoestima cuando tendemos a pensar en nosotros mismos en términos negativos y nos cuesta apreciar e identificar nuestras propias capacidades o recursos más valiosos, dando en consecuencia a una pobre explotación de los mismos...

La autoestima es algo que empieza a construirse desde el principio del desarrollo evolutivo en el niñ@, primero gracias a la imagen que las figuras significativas de nuestro entorno nos devuelven de nosotros mismos (de ahí lo importancia de la función parental a la hora de reforzar, valorar , reconocer y alentar las características más valiosas de sus hij@s)... Y posteriormente al llegar a la vida adulta, la “autoestima”pasa a depender más de la propia valoración que hacemos de nosotros mismos, e implica un buen reconocimiento y apreciación de nuestros aspectos más valiosos a la vez que un buen grado de aceptación de nuestras propias limitaciones, sin sentirnos mal por ello, siendo capaces de contrarrestar nuestras principales debilidades o defectos con los aspectos más destacables de nuestra personalidad...




Las consecuencias de una baja autoestima pueden ser nefastas en la vida adulta, ya que esta puede llevar a una excesiva necesidad de búsqueda de aprobación en los demás que continuamente apuntale esa baja autoestima, volviendo a la persona muy vulnerable y sensible a las críticas y al rechazo por parte de los demás ... Al no poder tolerar que les sea devuelta una imagen negativa de si mismos, son personas que tienden a replegarse fácilmente a los deseos del otro, y/o a ser excesivamente complacientes con los demás con tal de ganarse su aprobación, renunciando así muchas veces a su propia identidad, deseos, intereses y necesidades personales y haciéndose especialmente vulnerables a la manipulación y chantaje emocional por parte de otros...

Las personas con baja autoestima a la larga tienden a sentirse mal con ellas mismas porque tienden a anular su propia personalidad, a someterse a los demás, a no manifestar su propia opinión, ni mostrarse asertivos cuando tienen que hacerlo, ya que su inseguridad no les permite mostrarse tal cual son, puesto que están convencidas de que “si lo hacen... no gustarán a nadie...” Pueden tener problemas en sus relaciones personales por este motivo, no dejándose conocer o anulándose al lado del otro, y pueden atraer a personalidades excesivamente dominantes, controladoras o manipuladoras que se aprovechen de sus inseguridades...

Tener una buena y sana autoestima nos permite, por el contrario, aceptar las críticas que vienen de parte de otros, tolerar el dolor del rechazo y la frustración de no gustar a todo el mundo, sin que ello nos dañe excesivamente... Todo ello nos permite poder seguir siendo “nosotros mismos” y mostrarnos “asertivos” ante los demás, a la hora de poner los límites y defender nuestros derechos, deseos, necesidades e intereses personales... Ya que para una persona con una sana autoestima es más importante “sentirse bien con uno mismo” que ganarse la aprobación del otro... En general, las personas con una buena autoestima se sienten más libres, felices y seguras de si mismas, permitiéndose ser quienes son y sintiéndose merecedoras del afecto de otras personas, aunque no tengan la aprobación de todo el mundo...


La falta de una buena autoestima es una razón más que suficiente para acudir al Psicólogo Clínico y tratarla con Psicoterapia, con mucha frecuencia es el origen de otros muchos padecimientos psíquicos que puede llegar a tener el ser humano (ansiedad, depresión, trastorno obsesivo, trastornos alimenticios, etc...) Otras veces es el “caldo de cultivo idóneo” para que afloren con el tiempo determinados trastornos psicopatológicos...

Fdo: Rosa Maria Pardueles, psicólogo especialista en psicología clínica y psicoterapia, directora del centro de Psicólogos Móstoles Constitución, más de 20 años de experiencia en tratamientos y terapias psicológicas

lunes, 24 de marzo de 2014

Tristeza, duelo y depresión clínica: diferencias ¿Cuando recurrir a un Psicólogo Clínico, especialista en el ámbito de la Salud?

Desde Psicólogos Móstoles Constitución (ahora también en modalidad Tratamiento Psicológico Online o por videoconferencia) te explicamos un poco más sobre las diferencias entre la tristeza, el duelo y la depresión.

Como en la mayoría de los trastornos psicológicos, las patologías son una cuestión de grado, por eso conviene hacer una pequeña diferenciación entre estos 3 estados emocionales. En primer lugar “la tristeza” es una emoción más de la que los seres humanos podemos llegar a sentir de una forma natural en determinadas situaciones y circunstancias a lo largo de nuestras vidas, cuando nos decepcionamos, sufrimos algún infortunio menor, perdemos “algo o alguien” que era importante en alguna medida para nosotros, nos sentimos solos cuando no queremos estarlo, o empatizamos con otras personas que lo están pasando mal, por poner algunos ejemplos... En estos casos la emoción es puntual y pasajera y pronto suele dejar paso a otros estados emocionales más positivos y optimistas. La persona cuenta con recursos suficientes para manejar este estado por sin misma y no quedar atrapado en él.

Hablamos de “duelo” cuando la persona sufre una “pérdida” que cambia de una manera significativa su vida (muerte de un ser querido, ruptura de una relación de pareja estable, pérdida de un trabajo significativo, el diagnostico de una enfermedad, emigrar a otro país, son algunos ejemplos de ello). Como observareis, el sentimiento de “pérdida significativa” es el factor común a esta reacción del duelo. Al tratarse de una pérdida tan significativa y abarcativa en la vida del sujeto, implicará tener que afrontar un proceso de readaptación a las nuevas circunstancias, hasta que la persona logre reorganizarse tanto externa como internamente a su nueva realidad. Este proceso requiere de mucho más tiempo para ser superado, por eso hablamos del “trabajo del duelo” en donde la persona tendrá que ir atravesando diferentes etapas para poder afrontar el “dolor de la perdida” hasta superarla. Las fases más comunes del duelo son 1).- Negación o shock emocional inicial (sensación de descreimiento de lo sucedido) 2).- Rabia e impotencia, culpa por no poder cambiar la situación 3).- Seguida de otra fase de “repliegue y aislamiento”, de vuelta hacia si mismo, en donde aparece una sintomatología muy similar a los estados depresivos, (llanto, tristeza, anhedonia, apatia, insomnio, hipersomnio, pérdida o aumento de apetito, ausencia de libido, problemas psicosomaticos, aislamiento social, sentimientos de culpa, etc.. 4).- Hasta dar finalmente paso a una última fase de recuperación, donde el sujeto recupera el nivel de funcionamiento previo y es capaz de seguir con su vida y adaptarse a sus nuevas circunstancias, estableciendo nuevos lazos afectivos, encontrando otro trabajo, aprendiendo a vivir con la enfermedad, en el nuevo país, etc... En estos casos se puede recurrir al Psicólogo Clínico para obtener apoyo y contención emocional durante todo el proceso y ayudar así a la persona a canalizar apropiadamente la elaboración del duelo para que no se “enquiste” y acabe derivando en un duelo patológico.

Hablamos de duelo patológico cuando la persona no es capaz de sobreponerse a este estado y superar las diferentes fases del mismo en un tiempo razonable (este tiempo razonable variará en función de la gravedad y circunstancias de la pérdida), y ello suele ser debido a otros motivos diferentes al de la propia pérdida en si misma, en cuyo caso se hará necesario un tratamiento psicológico o psicoterapia, para tratar de comprender y analizar los verdaderos motivos que están impidiendo la elaboración del duelo y el progreso del mismo. La mayoría de las veces suele ser debido a otros problemas psicológicos pre-existentes a la aparición del duelo.





Por último, hablamos de depresión clínica, propiamente dicha, cuando aparece toda la sintomatología característica de la depresión sin una causa aparente o claramente definida o identificable para el sujeto, o el “estado depresivo” es desproporcionado al hecho que lo suscitó inicialmente y solo cumplió, por lo tanto, una función de “desencadenante” de otros problemas psicológicos pre existentes. Los síntomas más característicos de la depresión son: " tristeza, llanto, apatía y desinterés por casi todas las actividades que antes interesaban y motivaban a la persona, falta de ganas de vivir, sentimientos de culpa inapropiados o exacerbados, pérdida o aumento de peso, insomnio o hipersomnia, disminución de la capacidad de pensar o concentrarse, problemas psicosomáticos, disminución o pérdida de la libido, ideación o tentativas suicidas, entre otros"... Además la persona se encuentra en este estado de forma persistente y recurrente la mayor parte del tiempo y los síntomas provocan un malestar significativo que ocasionan un claro deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. En estos casos hay que acudir ,sin lugar a dudas, a un profesional especialista en la Salud Mental lo antes posible, porque en este caso estamos ante una depresión clínica que requiere de tratamiento psicológico y/o psiquiátrico.

Fdo: Rosa Maria Pardueles, psicólogo especialista en psicología clínica y psicoterapia, directora del centro de Psicólogos Móstoles Constitución, más de 20 años de experiencia en tratamientos y terapias psicológicas

sábado, 14 de diciembre de 2013

¿Qué es la ansiedad y cuando la consideramos patológica?

Desde Psicólogos Móstoles Constitución (ahora también en modalidad Tratamiento Psicológico Online o por videoconferencia) te explicamos un poco más sobre qué es la ansiedad y cuando hay que tratarla..

La respuesta de ansiedad es una emoción universal y característica de toda la especie humana y de otras especies animales que se manifiesta con síntomas de tensión muscular, sudoración, palpitaciones, temblor, dificultad respiratoria, presión torácica, paralización... Esta respuesta emocional se desencadena de una forma adaptativa ante la percepción de un peligro o amenaza real, que pone en riesgo de alguna forma nuestra integridad física y nos permite dar finalmente una respuesta básica ante dicho peligro de huida- ataque o paralización (lo que en algunas especies animales observamos como "hacerse el muerto"... Por ejemplo  escapar de un incendio, defendernos ante una agresión, quedarnos paralizados ante la entrada de un ladrón en casa para evitar ser visto y oído... Pueden ser ejemplos adaptativos de esta respuesta emocional de la ansiedad para salvarnos de un peligro objetivo.


Cuando se desencadena dicha respuesta segregamos una substancia o neurotransmisor  en nuestro cerebro llamado adrenalina, que se vierte en el torrente sanguíneo rápidamente con el fin de bombear nuestro corazón aceleradamente para derivar la sangre rápidamente hacia las extremidades y músculos de brazos y piernas con el fin de  poder dar una respuesta de máxima  huida, ataque o paralización ante dicho peligro (de ahí toda la síntomas físicos que la acompañan)...

Cuando esta respuesta de la ansiedad empieza aparecer sin que podamos objetivar un peligro real externo que explique que se haya activado dicho mecanismo es cuando desde el punto de vista psicológico empezamos a considerarla un trastorno, dado que la persona no está respondiendo a un peligro real si no a uno imaginario o fantaseado (por ejemplo  "interpretar un dolor de cabeza como la evidencia de un tumor cerebral"...)  o a la anticipación de "acontecimientos negativos catastróficos" sin ninguna base real objetiva para ello  ("pensar que algo grave te va a ocurrir a ti o a tu familia..."  o a una incorrecta interpretación de la realidad que si bien puede resultar amenazante no pone en riesgo nuestra integridad física de forma inmediata (por ejemplo perdida de un empleo, ruptura de pareja, etc...)

No obstante, sin bien no hay que darle demasiada importancia si un episodio de "crisis de ansiedad" ocurre de una forma aislada, es necesario consultar con un psicólogo clínico cuando la respuesta empieza a dispararse de manera indiscriminada y desajustada a la percepción de la realidad de forma regular o de una manera que altera de forma significativa la vida cotidiana de la persona. Y además hacerlo cuanto antes para evitar que el problema se vaya agravando y cronificando en el tiempo.

Fdo: Rosa Maria Pardueles, psicólogo especialista en psicología clínica y psicoterapia, directora del centro de Psicólogos Móstoles Constitución, más de 20 años de experiencia en tratamientos y terapias psicológicas


jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Cuál es la principal diferencia entre un psicólogo y un psiquiatra?

Desde Psicólogos Móstoles Constitución (ahora también en modalidad Tratamiento Psicológico Online o por videoconferencia) te explicamos un poco más sobre la dieferencia básica entre ambos profesionales.

La principal diferencia entre un psicólogo y un psiquiatra radica en que el psiquiatra tiene una formación médica y el psicólogo no, y por lo tanto el psiquiatra es el profesional indicado para prescribir psicofármacos en el caso de que estos sean necesarios (aunque debido a la gran saturación que hay hoy día en el sistema de la seguridad social, muchas veces es el médico de familia quién los prescribe cuando se trata de ansiolíticos y antidepresivos)… El psicólogo clínico sin embargo tiene una formación más especializada en el funcionamiento de la mente , la conducta , las emociones y las relaciones humanas, y es por lo tanto el que puede lograr, con la colaboración del paciente, un cambio en su forma de procesar y afrontar la realidad así como aprender a dominar sus estados emocionales a través de una psicoterapia …





Ambos profesionales deben de trabajar en muchos casos en mutua colaboración, ya que a veces es necesario el apoyo de la medicación para mejorar el estado de ánimo del paciente o disminuir sus niveles de ansiedad para poder avanzar en la psicoterapia, pero salvo en los trastornos mentales más graves, la medicación por si sola no va a producir cambios en la “psique” del paciente ni en su forma de procesar o afrontar la realidad y por lo tanto sin una psicoterapia adecuada no lograremos modificar desde su base los problemas emocionales que están dando lugar al malestar del paciente... Hay algunos psiquiatras que han hecho una formación de postgrado en psicoterapia y también pueden estar capacitados para llevar a cabo una buena psicoterapia. Si tienes dudas, pregunta directamente al profesional que trata sobre su formación a este respecto.

Fdo: Rosa Maria Pardueles, psicólogo clínico especialista en todo tipo de tratamientos psicológicos y psicoterapia. Psicólogos Móstoles Constitución